Tras la muerte de Cómodo, al igual que ocurrió con Domiciano, el Senado nombró como emperador al venerable anciano Publio Helvio Pértinax, realmente muy a su pesar. En esta época, la guardia pretoriana alcanzó un gran poder y esta misma, que lo puso, al ver que el emperador títere quería hacer reformas fiscales como reducir sus pagas, decidió matarlo rápidamente; duró 3 meses.
A continuación, viéndose la guardia pretoriana con el poder real de Roma, decidieron subastar el título de emperador; esto habla mucho de cuánto habían caído las instituciones romanas. Un rico senador llamado Marco Didio Juliano se presentó al puesto ofreciendo una gran suma de dinero, 25 000 sestercios por soldado, un precio bastante caro para comprar su muerte. Ante este caos, varios gobernadores se levantaron para reclamar para sí mismos la púrpura y el más rápido fue el del Danubio, Lucio Septimio Severo, que se apresuró en llegar a Roma con sus legiones. Rápidamente, los pretorianos y el Senado abandonaron al desdichado Didio Juliano, al que ejecutaron en el momento; apenas gobernó 2 meses. Esto sí que era un auténtico "juego de tronos".
Septimio Severo fue proclamado emperador, el primer africano en hacerlo, y viendo el panorama mimó al ejército subiéndoles el sueldo; los necesitaba contentos para poder seguir en el poder y vivo. Le dio más privilegios a los soldados y aumentó enormemente el número que componía al ejército. Viendo un potencial enemigo en ellos, redujo el poder del Senado y disolvió la guardia pretoriana creando otra formada solo por legionarios. Alcanzaría buena fama al mantener el orden, aunque sea a la fuerza, y consiguió gloria militar al mantener las fronteras, vencer a usurpadores y derrotar gloriosamente a los partos.
Económicamente no fue tan brillante, ya que era caro mantener tantas legiones y no podía bajarles el sueldo, y acabó teniendo que devaluar la moneda generando inflación seguida de crisis económicas. La espina militar la tuvo en Britania, que se había debilitado y apenas podían aguantar a los pictos; tuvo que ir en persona para combatirlos o al menos apaciguarlos, pero allí enfermaría y encontraría su muerte. Antes de morir, y con el sueño de crear una dinastía imperial, nombró a sus dos hijos coemperadores: Lucio Septimio Basiano, al que su padre cambió el nombre a Marco Aurelio Antonino en un intento de dar la apariencia que descendía de Marco Aurelio (aunque pasaría a la fama como Caracalla por el nombre de una capa con capucha que usaba y que puso de moda), y Publio Septimio Geta, que era el hermano menor.
El problema era que estos se odiaban y llegaron incluso a discutir el dividir el imperio. En el 211, Caracalla mandó a su guardia pretoriana que matase a Geta —no llegó a ser coemperador ni un año— y así mandar en solitario, creando un estado del terror donde mataría a los partidarios de Geta y a cualquiera que le contradiciera; se cree que mató a 20 000 personas. Dio la ciudadanía romana a todo ciudadano libre del imperio, aunque solo lo hizo para poder recaudar más impuestos ante la falta de liquidez que tenía el imperio. Conforme pasaban los años se volvió más tirano y mataba a cualquiera de su círculo interno por motivos triviales, y estos, al sentir el miedo, decidieron matarlo en el 217, al igual que le pasó a Nerón o Cómodo.
Se autoproclamaría como emperador Marco Opelio Macrino e intentó gobernar con el favor del ejército, pero una derrota con los partos —donde hizo un pacto deshonroso para apaciguarlos dándoles mucho dinero que salió de las arcas de Roma— hizo que perdiera su favor. Duró menos de un año gobernando y, en cuanto se vio abandonado, huyó, pero fue capturado y ejecutado.
Fue sustituido por Sexto Vario Avito Basiano, que llegó al trono imperial con solo 14 años; sería recordado después de su muerte como Heliogábalo al ser sacerdote del dios solar de Emesa llamado El-Gabal. Llegó a través de una conjura organizada por su abuela, que hizo correr el rumor de que era hijo de Caracalla junto con pagos de sobornos; seguimos con el «juego de tronos». Heliogábalo solo fue un títere en manos de las mujeres de su familia, el poder en la sombra; sus excentricidades religiosas y el terror a una muerte arbitraria hizo que solo gobernara 4 años, siendo asesinado él y su madre por la guardia pretoriana.
Fue sucedido por su primo Marco Julio Gesio Basiano Alexiano o, más conocido como, Marco Aurelio Severo Alejandro. Cogería el nombre de Alejandro al nacer cerca de un templo en Fenicia en honor a él, aunque de él solo tendría su nombre. Tuvo un gobierno dirigido por su madre y diferentes senadores que hacían de validos; también padeció una crisis económica donde nuevamente se tuvo que devaluar la moneda, lo que a la larga complicaría aún más el problema. Su mayor crisis fue contra los pueblos germánicos que cruzaban el Rin y saqueaban la Galia; ya se había granjeado la antipatía del ejército por bajarles el sueldo, pero al no poder vencer a los bárbaros y tener que pactar con ellos, estos vieron una buena justificación y lo mataron a él y a su madre en el 235, terminando así la dinastía de los Severos.
Tras la muerte de los Severos se inició un periodo de inestabilidad en el Imperio que se denomina la crisis del siglo III, donde llegaron a ser emperadores-soldados de breve duración y origen bárbaro un total de 26 en solo 50 años, de los que todos menos uno tuvieron muertes violentas. Esto ocurrió al carecer de un emperador con legitimidad real y que centralizara los ejércitos; en cambio, los ejércitos estaban divididos y dirigidos por los gobernadores de las provincias, que eran quienes reclutaban y pagaban a los soldados que, a falta de romanos, iban incluyendo cada vez más bárbaros, que a su vez iban subiendo en el rango militar. Solo hacía falta un gobernador provincial con delirios de grandeza que creyera que se merecía la púrpura para que se levantara a la mínima ocasión, y egos así había de sobra. Empezaría con Maximino el Tracio, un auténtico gigante que dirigía a las tropas que mataron a Alejandro Severo y se preguntó: «¿Por qué no?». Y lo nombraron emperador; llegó fácil al actuar rápido y no dar tiempo a que se moviera nadie más, pero, aunque intentó crear una dinastía, moriría tres años después, en 238. También con el apoyo del ejército de África y el Senado proclamaron emperador al anciano Gordiano I y a su hijo como sucesor, Gordiano II, pero apenas duró un mes el sueño imperial al morir a manos del gobernador de Mauritania, fiel a Maximino; otra dinastía truncada. El Senado nombró a otros dos emperadores, Pupieno y Balbino, que pusieron en aprietos al ejército de Maximino, quienes, viendo la derrota, no dudaron en matarlo a él y a su hijo y coemperador Cayo Julio Vero Máximo. Estos dos impopulares emperadores disfrutaron de noventa y nueve días como tales hasta que los mataron los pretorianos y pusieron al nieto de Gordiano I, Gordiano III: otro intento de crear dinastía. Gordiano III solo tenía 13 años, así que lo tuteló el prefecto de los pretorianos, lo que ayudaba a seguir con vida al menos mientras le fueras útil; al morir este, fue sustituido por Marco Julio Filipo el Árabe, quien, al no querer estar a la sombra, mataría a Gordiano III (aguantó seis años) y se puso a sí mismo de emperador. Filipo duraría en el cargo cinco años, tiempo para celebrar unos grandes juegos por la llegada de Roma al año 1000, pero el pan y circo no era suficiente y las rebeliones estallaban, así que decidió mandar a sofocar una en el Danubio a Cayo Mesio Quinto Trajano Decio, que al llegar allí le proclamaron emperador y regresó a Italia donde mataría a Filipo; esto sí que es que te salga el tiro por la culata. Recordemos también a los godos, que entrarían en la historia de Roma en esta época de caos que los bárbaros tan bien sabían aprovechar; con Gordiano III sería su primer contacto, llegando a acuerdos con los godos para pagar un subsidio para que no los ataquen, pero esto no contentaría a ambos, con lo que con Filipo volverían los combates. Como ya comentamos, los godos no eran una unidad y continuamente aparecían nuevas confederaciones godas, y la más famosa de entonces, la de Ostrogotha, le tocó combatir a Filipo, aunque, como empezó a ser común, se solucionó pagando a los godos para que se fueran a dar follón a otra parte.Decio, aun intentando restaurar los viejos valores persiguiendo a los cristianos para ello, apenas duró dos años; fue muerto en combate junto con su hijo y coemperador Quinto Herenio contra los godos en la Tracia en 251. Se proclamó emperador a Cayo Vibio Afinio Treboniano Galo, aunque para mantener las apariencias nombró coemperador títere a Cayo Valente Hostiliano, hijo de Decio, que a la par solo viviría cuatro meses más, nombrando a continuación a su hijo Cayo Vibio Volusiano como coemperador. Este también pagaría a los godos para que se fuesen, pero no era un buen precedente ni para los otros godos o los bárbaros en general, y desbordaron las fronteras por todos lados, cruzando las fronteras grupos como los alamanes y los francos.
Ante este caos, Marco Emilio Emiliano, gobernador de Moesia y Panonia, se rebeló y se nombró emperador y marchó a Italia, donde enfrentó y dio muerte a Treboniano Galo y a su hijo en 253. Su reinado de 88 días acabó cuando Publio Licinio Valeriano fue proclamado también emperador y marchó contra Roma; tal era su superioridad numérica que las propias tropas de Emiliano lo mataron y se unieron a Valeriano. Como era ya habitual, nombró a su hijo Publio Licinio Egnacio Galieno coemperador, pero era una empresa imposible: las fronteras caían por todos lados, el ejército no daba abasto y el caos y el pillaje campaban por todas las provincias del imperio. Valeriano intentó parar a los persas, pero fue capturado y desapareció de la historia; su hijo Galieno sería el único emperador nominal, pero en realidad apenas tenía poder y los gobernantes de las diferentes provincias gobernaban independientemente para defenderse de los ataques bárbaros. Galieno derrotó a los usurpadores, pero no pudo derrotar a Marco Casianio Latinio Póstumo, que formaría un independiente Imperio Galo que duraría desde 260 hasta 269. Galieno murió en el 268 traicionado por sus oficiales mientras combatía a Aureolo, otro usurpador.
Durante estos años, los bárbaros campaban a sus anchas por el imperio y unas tribus llamadas francos, que arrasaban las Galias sin que nadie los frenara, decidieron sobre el 260 cruzar los Pirineos y entrar en Hispania. En Hispania estaba gobernando Póstumo; como parte del Imperio Galo, llegó a controlar toda la Galia, parte de Germania, Hispania y Britania. Hispania sería un auténtico caos: el Imperio Galo apenas podía mantener su independencia contra el emperador de Roma y los bárbaros asolarían zonas enteras sin encontrar oposición. A falta de un poder imperial real, los gobernadores de la zona se defendieron como pudieron, llegando a crear rudimentarias murallas alrededor de ciudades para aguantar el asedio. No hay mucha documentación de la época, pero los restos arqueológicos no dan lugar a dudas.Empúries fue arrasada y ya nunca recuperaría su esplendor; Barcino fue arrasada y reconstruida sobre sus ruinas; las ruinas de Tarraco se mantuvieron sin reconstruir durante siglos. Los francos, que no buscaban conquista sino solo el pillaje, fueron atravesando y destrozando ciudades y cogiendo todo lo de valor. La ruina cruzaría ciudades como Baetulo, Lucentum (Alicante), Dianium (Denia), Sucrona (Cullera), Clunia (Peñalba de Castro), Malaca o Ilici. Llegaron a apoderarse de los barcos de los puertos y lograron llegar a lugares tan lejanos como Mauritania. Tanta fue la destrucción que acabaron con gran parte del comercio; como ejemplo, tenemos que fue en esta época en la que salieron de la Bética las últimas ánforas de aceite que irían a Roma. Sin duda, una época terrible de caos y anarquía.
Los desastres no vienen solos y el desastre en Occidente se repetiría en Oriente. En Siria había una ciudad llamada Tadmor, también conocida como Palmira; era el legendario reino del rey Salomón. Era una rica ciudad que se benefició de estar en la ruta comercial de las caravanas que venían de Oriente a Roma. Cayó en manos de Roma y ya en la época de Adriano serían ascendidos a romanos.
Odenato sería el gobernador de Palmira cuando fue capturado Valeriano por los persas y peligraba la posición de su reino; decidió permanecer fiel a la débil y lejana Roma, un imperio en clara decadencia que le permitía tener mucha libertad, cosa que la todopoderosa e invencible Persia no le iba a permitir. Lucharía contra Persia consiguiendo grandes victorias y el emperador Galieno le recompensaría nombrándolo príncipe hereditario de Palmira y gobernador de las provincias orientales de Roma; Galieno realmente lo necesitaba ya que tenía que concentrarse en Occidente y sin él hubiese perdido esas provincias ante los persas. Pero en 267 Odenato y su hijo fueron asesinados por su sobrino Meonio, momento en que entraría en escena Septimia Zenobia, esposa de Odenato, que le sucedería como reina regente de su hijo Vabalato, que contaba con tan solo un año. Gobernaría encadenando triunfos contra los persas hasta que, tras la muerte de Galieno en 268, con gran arrojo y audacia decidió no solo considerarse reina de Palmira sino emperatriz de todos los territorios orientales de Roma, considerando que Roma no podía defenderlos y seguían independientes gracias a Palmira; dominaba toda Siria pero también invadiría Egipto y gran parte de Anatolia.
Todos estos acontecimientos dan un marco general desastroso para el Imperio romano en medio de dos imperios nacientes, el galo y el de Palmira, incursiones de bárbaros por el norte y conjuras y traiciones en el interior; cualquiera que viese esta foto no daría ni un duro por él, pero a veces la historia es caprichosa y en épocas de crisis aparecen personas notables que logran lo imposible y alargarían la historia del Imperio romano otros dos siglos.
En el 268, el ejército nombró como emperador a Marco Aurelio Claudio, más conocido como Claudio II, de origen ilirio y de gran talento militar. Derrotó al usurpador Aureolo, vencería a los alamanes en los Alpes y se desplazaría a Moesia, donde propinaría una gran derrota a los godos, consiguiendo el nombre de "el Gótico" y poniendo paz en las fronteras del norte del imperio. En el 269, Póstumo sería asesinado, desestabilizándose el Imperio Galo y siendo sustituido por varios emperadores poco capaces de corta vida; Hispania volvería bajo el Imperio Romano, que parecía volver a renacer de sus cenizas. Claudio II murió en el 270 por una enfermedad, haciendo un último servicio al imperio al nombrar a un gran sucesor: Lucio Domicio Aureliano, compatriota y jefe de su caballería.
Los bárbaros pretendieron aprovechar el cambio de emperador para volver a luchar, pero dieron con que Aureliano era tan bueno o más que su predecesor, venciendo con contundencia a alamanes y al rey godo Canabaudes, poniendo fin a las guerras godas y siendo nombrado como Gothicus Maximus. Habiendo caído también el Imperio Galo, puso su mirada al este, al Imperio de Palmira. Una serie de luchas y rebeliones hizo que Aureliano tuviese que destruir completamente Palmira, hasta tal punto que desde entonces solo sería un puñado de ruinas hasta la actualidad lo que en su día fue una esplendorosa ciudad de cerca de 200 000 habitantes y capital de un efímero imperio.
Volvería a Roma justo después de absorber el débil Imperio Galo y, por volver a unificar el imperio, sería nombrado como Restitutor Orbis («Restaurador del Mundo»). Solo quedaba el gran Imperio Sasánida persa, e iría con el objetivo de vencerlo aprovechando el ascenso al trono del débil rey Bahram I, pero ese no sería su destino, ya que, aun restaurada en territorio, Roma seguía siendo Roma, y una conspiración por parte de su secretario logró que la Guardia Pretoriana lo asesinara; una indigna muerte para un emperador guerrero, quizás capaz de haber derrotado a los persas y haber alargado algo más a este corrupto imperio.







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